Escuela Hogar Verónica

Escuela Hogar Verónica

La Escuela Hogar Verónica es un complejo educatvo-recreativo fundado por la Comunidad de Colegios Alemanes en la Argentina, hace más de sesenta años.

Está situado a 150 km. de la Capital Federal y cuenta con 18 hectáreas arboladas de diversas especies, lugar para acampar y hacer fogones.

Entre sus instalaciones, la escuela cuenta con sala de reuniones, dos dormitorios de 40 camas, seis dormitorios dobles con baño privado, cocina, comedor, aulas, salón de actividades múltiples, gimnasio, bicicletas, pileta, huerta orgánica, canchas de fútbol y vóley y otras comodidades destinadas al esparcimiento y aprendizaje de los chicos.

Durante el año la AGDS lleva la planilla de reservas de los campamentos para los colegios que están interesados en organizar estadías en la escuela hogar.

En promedio un campamento dura 1 semana por curso o grupo de chicos. En este tiempo se llevan a cabo actividades organizados por los maestros de cada colegio. Algunas actividades como el uso de la cocina solar, el cuidado de la huerta o el armado de chozas son hitos tradicionales.

 

Los comienzos de la escuela hogar alemana de Verónica

*Extraído del libro de Herold

¿Quien Fué Lothar Herold? Fué el primer director de la Escuela Hogar Verónica. Fué nuestro maestro, nuestro director, nuestro director de coros. Lo recordamos a través de sus libros sobre sus viajes al interior de la República Argentina. En el año 2005 redactó el segundo tomo de su libro:”Vivencias de un geógrafo” en el cual narra su actuación en la Escuela Hogar Verónica.

Para darle una idea a las generaciones jóvenes sobre como se fué formando la Escuela Hogar (que en muchos aspectos se asemeja a lo que acontece hoy en esos pagos) publicamos esta traducción, narradas por nuestro maestro en los comienzos del año 1938 convencidos de actuar de acuerdo a sus deseos.

Antecedentes:

En 1937 firmé con el Ministerio de Relaciones Exteriores en Berlín un contrato con la “Asociación de Colegios Alemanes” del “Gran Buenos Aires en la Rep. Argentina” como maestro para el idioma alemán. Para ello el Ministerio de Cultura del Estado de Prusia me otorgó la licencia correspondiente por cuatro años a partir de las Pascuas de 1938 y quedé asignado al Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania. En el contrato se me asignaba a la Escuela Hogar en Verónica, creada por 19 escuelas de la comunidad en 1937.

El viaje hasta Verónica:

Llegué a Buenos Aires en mayo de 1938. Estuve muy ansioso de conocer el lugar de mi futura actuación, la “Escuela Hogar” en Verónica. Mi equipaje, una gran cesta y tres valijas ya la habìamos retirado de la aduana y despachado por tren a Verónica. Yo hice el viaje de 140 km con el secretario Sr. Worlicek en su coche oficial.

Llegamos a la somnolienta ciudad campestre de Magdalena. Capital del Partido de
Magdalena que cubría la costa sur del Río de la Plata y parte de la siguiente costa del Atlántico en una profundidad tierra adentro de 40 km. Verónica era parte de este partido como también los demás pequeños pueblos que se formaron a lo largo de la linea férrea que se extiende a 10 o 20 km de distancia siguiendo la costa del Río de La Plata llegando hasta los bancos de conchilla de Pipinas donde se erigió una fàbrica de cemento.

El pueblo de Magdalena ya existía antes de la construcciòn del ferrocarril y perdió en importancia al construirse esa trocha. Vive más que nada de la administraciòn del partido.

Seguimos viajando unos 50 km por la ruta costanera. Al pasar un pequeño poblado llamado “Punta del Indio” salimos de la ruta hacia la derecha, tierra adentro ahora sobre una calle consolidada elevada. Un letrero rezaba: “Verónica-10km!” Aliviados gozamos del atardecer. A los cinco km pasamos por unos edificios plenamente iluminados. Era la “Base Aeronaval de Punta del Indio”, la base de la marina que, según el Sr Worlicek tenía el fin de” vigilar la entrada al Río de la Plata”. La pista de aterrizaje se encontraba detrás de los edificios. A los cinco km llegamos a la estación de Verónica ahora a oscuras. Dos km más por las amplias calles de Verónica y llegamos a la Escuela Hogar. Pasamos por un gran portal con la inscripción “Quinta Escolar – Schullandheim” seguimos por un paseo bordeado de altos eucaliptus. El matrimonio de administradores Sr. y Sra Grötschel nos recibieron. Después de una acogedora cena de a cuatro, me mostraron mi dormitorio y lugar de trabajo. Con alegría me encontré con mi equipaje que el Sr Grötschel había retirado de la estación con el carro tirado por caballos. El largo viaje habìa terminado. Mi destino de trabajo alcanzado. Un profundo sueño puso punto final al último dìa de viaje tan lleno de experiencias e impresiones.

La Escuela Hogar Verónica.

A la mañana siguiente -era un domingo- me levanté temprano. Una mirada hacia afuera desde mi pieza a nivel del terreno, me hizo ver un gran patio. A la derecha estaba limitado por una hilera de eucaliptos de casi 30m de altura y en frente lo cerraba una triple hilera de aromos amarillos en flor. El patio estaba afirmado con conchilla. Atravesando una amplia galeria llegué al comedor y salón de usos múltiples y de allí a la cocina del Hogar en la cual saludé informalmente a mis futuros colaboradores. El matrimonio Grötschel inmigró hace 15 años desde Silesia. Él habia adquirido experiencias en dos estancias, hasta que adquirió una chacra en la que construyó su primer rancho, la típica vivienda argentina hecha de adobe. Ahora habían aceptado ser los administradores de la Escuela Hogar. Él se dedicaba a las 18 ha con sus plantaciones, con dos caballos de tiro, gallinero y chiquero.

La Sra Grötschel administraba la cocina y las instalaciones. Su ayudante era la Sta. Gustl Wöhning que hablaba el castellano a la perfección y era hija de antiguos inmigrantes residentes en Verónica. Al final aparecieron el Sr.Worlicek y la maestra y directora de la escuela de inmigrantes, que hablaba algo de alemán. Esta escuelita funcionaba desde comienzos del año escolar, en marzo de 1938, en un anexo agregado a la vieja casa de los inmigrantes ( Nota del traductor: La Familia Wegelin.) Se trataba de la pequeña Sta. Anita Schreiber de Buenos Aires. A través de una amena conversación en la acogedora cocina-comedor, nos fuimos conociendo.

Esta cocina la usábamos para comer en conjunto cuando la Escuela no estaba ocupada. El Sr. Worlicek se ocupaba de sus tareas administrativas, pagar sueldos, pagar cuentas pendientes de las compras corrientes y de algunos trabajos hechos por profesionales externos. Luego mi primer amigo y asesor en América se despidió y partía a Buenos Aires. Yo hice mi primer visita al predio de 18 ha que sería mi lugar de trabajo como director responsable durante los próximos cinco años afectados por el estallido y desarrollo de la guerra.

Historia del pueblo y de la Escuela Hogar Verónica.

1913 Construcción de la línea de ferrocarril La Plata-Verónica-Pipinas.

1915 Fundación del pueblo de Verónica en los predios de la Estancia “La Verde” por Don Ernesto Tornquist y Doña Bernal de Tornquist.- Don Ernesto había estudiado en Bonn (Alemania) y hablaba alemán.

1917 Los primeros colonizadores en Verónica: alemanes, tschecos y yugoslavos (siendo ciudadanos de la monarquía austro-húngara habían sido despedidos por las empresas inglesas debido a la guerra).

1924 Construcción de la Base Aerea Naval de Punta del Indio a mitad del camino entre Verónica y Punta Indio.

1925 El alemán Wegelin, antiguo oficial de la marina imperial alemana, comienza con plantaciones en el predio de 18 ha que más tarde sería la Escuela Hogar.

1934 se comienzan a elaborar planes para la creación de una Escuela Hogar Campestre para los “Colegios Alemanes del gran Buenos Aires”. Se cree que el principio lo dió una publicación del geógrafo Dr. Wilhelm Rohmeder. En Alemania a partir de 1923 muchas escuelas de las grandes ciudades tenían Escuelas Hogar Campestres. Como los inmigrantes asentados en el Gran Buenos Aires apenas tenían contacto con la población del interior del país, se consideraba aconsejable acercar a la juventud escolar todos los aspectos de la Pampa argentina.

1936 se compra del colono Wegelin el predio de 18 ha con la casa de madera a dos km del pueblo de Verónica. Las 5 ha del frente que dan hacia la calle de acceso estaban plantadas con manzanos y eucaliptus que hacìan de barrera al viento. Las restantes 12 ha eran campo abierto. Este campo abierto estaba dividido en 5 ha de sembrado de maíz, 4 ha corral para los caballos, 2 ha de huerta, un gran gallinero y un galpón para el carro.

La ampliación después de la compra hasta 1938 consistió en:

1. El edificio principal en forma de doble T: En el medio un amplio dormitorio con 50 camas, en el ramal este lavatorios con sanitarios y duchas y dos habitaciones. En el ramal oeste la cocina y el comedor.

2. Una sala de máquinas encima de la cual se encontraba el tanque de agua. En la sala de máquinas un motor diesel impulsaba la bomba de agua y un generador eléctrico. En una pieza aparte se encontraban las baterías de vidrio que proporcionaban corriente continua a todo el Hogar.

3. La “escuela de campo”. Los colonos de Verónica, Alvarez Jonte y Las Tahonas habían fundado una Asociación Escolar para sus hijos. Para ellos se anexaron dos aulas de material a la vieja casa de madera separadas por un tabique removible. Para la inauguración de estos edificios estuvo presente el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, el Dr.Fresco y otras autoridades. El Dr. Ernesto Carl de Villa Ballester resaltó los aspectos de salud de esta iniciativa y el Dr. Fresco, muy impresionado elogió el Hogar y la idea de una Escuela Hogar Granja y la recomendó como modelo. Alumnos del gran Buenos Aires llegan a conocer la pampa. Después de mi llegada a Verónica comenzaron las estadías de alumnos en la Escuela Hogar. Ya el primer lunes llegó alrededor de las 11:00 hrs el primer grupo de varones bajo la dirección de un maestro de alemán a la estación de Verónica.

Cruzando la Capital Federal en subterráneo y luego de la estación terminal del Ferrocarril del Sur desde Constitución en tren vía Quilmes y La Plata hasta Verónica. Después de una muy cordial bienvenida llevé a los alumnos a la playa de la estación, donde esperaba el Sr. Grötschel con su carreta. El equipaje grande fue cargado en la carreta y luego emprendimos la marcha de media hora hacia la Escuela Hogar cargados con el equipaje de mano. Dos grandes baches tuvieron que ser bordeados en fila india. A lo largo del alambrado lateral se había hecho un pequeño sendero de ladrillos. A los varones les encantò cruzar este sendero a los saltitos. Pero ya y después de haber tomado contacto íntimo con la pampa, llegamos a la Escuela Hogar. El techo de la galería nos dió sombra.

Yo me presenté brevemente a los recién llegados. Les dí la bienvenida al campo argentino. Los dividí en cuatro grupos y cada alumno ocupó uno de los armarios en el vestuario, pasaron por los lavatorios y toilettes y ya el almuerzo los esperaba. En el luminoso comedor se acomodaron en mesas de a ocho y se sirvieron un lindo guiso. En cada mesa había jarros y jarrones con mate cocido, el típico té de mate verde argentino que a los chicos les gustó mucho. Tuve brevemente ocasión de presentarme al maestro de los alumnos y preparar el programa para la tarde. De postre se sirvió un rico budín que cada alumno fué a retirar del mostrador de la cocina. El movimiento ostensiblemente les hizo bién a esto inquietos pibes. Después de un pequeño recreo junté al grupo en la playa con sus dos mástiles y comenzó la visita a la instalación y parque de la Escuela Hogar. Detrás de las filas de aromos había un amplio campo de deportes rodeado de árboles. Nos encontrábamos en el camino principal del predio que empieza en la tranquera de entrada, pasa cerca de las edificaciones y lleva directamente hacia el norte hasta los corrales. Abrimos la tranquera, ese típico portón de tres metros de ancho que pivotea colgado de un cable de acero sobre un poste vertical. Esta separa la parte arbolada del campo. Les explique a los varones, que una tranquera sirve, para que el ganado no se mezcle irregularmente o penetre a la parte cultivada. Les dije que las tranqueras siempre deben estar cerradas y que los estancieros castigaban severamente a los que no se atenían a estas reglas. (Nuestra tranquera nunca quedó abierta!). Pasando la tranquera a la izquierda había dos hectáreas de huerta, a la izquierda alrededor de un patio el chiquero con resguardo, un silo con techo para el más y el galpón para depósito y para guardar la carreta y que a su vez albergaba al gallinero. Detrás del gallinero habìa un amplio potrero para que las 400 gallinas se movieran.

Aquí la instalación más llamativa era el típico tanque australiano. Sobre un terraplén de tierra firme elevado se había hecho un piso de concreto impermeable y un redondel de unos 10 m de circunferencia de chapa canaleta galvanizada. La reserva de agua (posiblemente oriunda de Australia ) estaba hecha. En las enormes planicies era imprescindible, pués alimentaba los bebederos para el ganado. Aquí servía para regar la huerta y dar de beber a los caballos y a las gallinas. En verano los alumnos también lo usaban como pileta. El agua cristalina era elevada desde 11 m de profundidad por una bomba eléctrica que a su vez era alimentada a través de un cable subterráneo por nuestro dínamo. Cuando nos acercamos al chiquero, el chancho y cuatro chanchas comenzaron a gruñir fervorosamente. Dos alumnos mencionaron enseguida que se trataba de cerdos “Berkshire”, una raza de pata corta y de poca grasa. Muchas veces participaban alumnos que conocían el campo.

Fueron muy serviciales y actuaron muchas veces de guía en las caminatas por el campo. En el gallinero hubo un gran alboroto cuando el Sr Grötschel esparció granos fuera de hora. Los caballos en su potrero no se inmutaron para nada ante la presencia de esta muchedumbre. Ojearon brevemente y siguieron pastando. Retornamos a través de la tranquera y visitamos la plantación de manzanos. Estos estaban libres de yuyos; no asì las hileras de eucaliptus que circundaban las dos hectáreas a modo de rompeviento. Había otro detalle: veinte años antes, el colono-pionero había elegido como rompevientos el “Eucalyptus-Globulos” que tiene la particularidad de crecer en forma de tirabuzón, lo que lo torna casi inquebrable y por lo tanto resiste cualquier tormenta. En veinte años crecieron unos treinta mts hasta convertirse en una sólida pared que le hacía frente a cualquier tormenta en la pampa.

Muchos colonos habían elegido este tipo de cerco y por eso la zona de Verónica desde lejos se asemejaba a un bosque en medio de la pampa desarbolada. Una particularidad desagradable tenía el “Globulus”. Desprendía su corteza en grandes lonjas que en parte quedaban colgadas a altas alturas. Las cortezas caídas y los yuyos formaban un piso impenetrable. Les dije a los alumnos:”… tenemos muchos rastrillos y carretillas! ¿Que les parece si juntamos las cortezas caídas, las amontonamos y a la noche hacemos una gran fogata?…” La propuesta fué aceptada con entusiasmo. Las tareas agìcolas para el día de mañana quedaron planificadas. Alrededor de las 16:00 hrs se sirvió merienda. Una bebida y pan dulce. Después de un largo recreo organizamos juegos de pelota debajo de los aromos y en el campo deportivo. Para la cena las ansias de movimiento de los muchachos quedaron satisfechas. Después de la cena nos sentamos en ronda, contamos cuentos, charlamos, intercambiamos ideas y terminamos el día con una canción de despedida. Y hubo que acostarse, por primera vez sin la ayuda de la madre y en un ambiente totalmente diferente y extraño. Nosotros, los dos maestros, estuvimos ocupados en ordenar el cambio de ropa hasta que a las 22.00 hrs se terminó el día y todos se durmieron en espera del próximo dìa. En mi habitación, cerca del dormitorio de los alumnos, me puse a planificar las actividades para los pròximos 14 dìas con mi colega de la capital. Personalmente a la mañana estaba ocupado con los alumnos de la escuela de colonos que en parte llegaban desde lejos. Compartía el trabajo con mi colega argentina, la Sta. Schreiber. De acuerdo a su edad, dividìmos a los alumnos en dos grupos de a 15 alumnos cada uno: un grupo superior y uno inferior. Cada grupo recibía cada mañana instrucción en cuatro breves clases de alemán y cuatro de castellano. En casos de emergencia, podía dejarle los 30 alumnos a la Sta. Schreiber. A la tarde y al anochecer yo estaba a disposición para las actividades de los alumnos de Bs.As., especialmente en los primeros dìas de cada contingente, hasta que las actividades adquirieran su ritmo normal.

El siguiente dìa comenzó con gimnasia matutina muy intensa a cago de Hans Kerst. Hans Kerst era oriundo de Hamburgo y tenía un contrato de cuatro años tal como lo tenía yo, con la Escuela “Federico el Grande” (Vicente López). Había adquirido experiencias en escuelas hogar rurales en Alemania y durante las vacaciones ya había tomado contacto con el campo argentino. Formábamos un buen equipo de trabajo. Para el día de mañana el grupo estaba anunciado en la quinta del colono Zeiler. Una quinta de aprox. 18 ha era el predio típico cultivado por un colono. También nuestra Escuela Hogar era una quinta. El colono Zeiler había aprendido el oficio de jardinero en Suabia, Alemania y había hecho de sus 18 ha en 20 años una quinta modelo. Explicaba muy bién sus actividades y contestaba a las preguntas. Sus tres hijos eran alumnos de nuestra escuela rural. A la hora del almuerzo los alumnos regresaron a la Escuela Hogar cargados con informaciones y apuntes sobre el cultivo de manzanos, injertos y crìa de gallinas. El pf. Kerst habìa sabido guiar las conversaciones enriqueciendo de esta manera los conocimientos de los alumnos. Después del almuerzo dividimos al grupo. El pf Kerst se dedicó a los deportes y yo armé a mi grupo con palas y rastrillos para atacar las cortezas de los eucaliptos. En dos horas habíamos limpiado un sector de 20 m y armado una gran pila para una fogata en el campo de deportes. Los alumnos observaban contentos el predio limpio y se armaron de expectativas para la fogata nocturna. Terminada la merienda yo me puse a cantar con los alumnos. Después de haber cantado algunas canciones conocidas, comencé a enseñarles dos canciones nuevas con la esperanza de poder hacerlas escuchar el domingo venidero para el cual esperábamos la visita de los padres. Después de la cena nos dedicamos a algunos juegos y ya los alumnos caían rendidos en la cama. Miércoles, el tercer día de la estadía. El grupo emprendió su primer caminata por el campo. A pocas cuadras hacía el norte existía un camino rural bordeado por alambrados de las estancias. Tenía 20 m de ancho para posibilitar el arreo de ganado. La huella para vehículos era casi invisible. La vegetación en el camino casi no se diferenciaba de los campos circundantes. Mi colega Hans Kerst se destacó como excelente baqueano. Más tarde los varones me comentaron con entusiasmo de las pequeñas lechuzas sentadas sobre los postes del alambrado que desaparecían en sus cuevas al acercárseles el grupo, y como pudieron observar a los horneros dedicados a construir sus viviendas de barro con la entrada ajustada, y de cómo las vizcachas, unos roedores de cola larga parecidos a la liebre, desaparecían de golpe en sus madrigueras subterráneas. El programa de la tarde era similar al del dìa anterior. Deporte, trabajo en la huerta, canciones. Al anochecer nos reunimos alrededor de la fogata que tanta expectativa había despertado. Ya con el fuego por extinguirse les conté una fábula. Así terminó otro día con tranquilidad.

El programa de los siguientes dos días era similar. El sábado estuvo dedicado a preparar todo para el domingo de visita de los padres. Muchos de los padres iban a hacer el largo camino hasta Verónica en sus coches para conocer el famoso alojamiento de sus hijos. El pf. Kerst, un buen deportista, preparó a sus alumnos para una exhibición impresionante. Eso demandó muchas horas de práctica. Yo incluí tres horas de clase para enseñarles a los alumnos algunas canciones alemanas para “caminantes”. Luego limpiamos en lo posible los alrededores de los edificios, terminado lo cual nos dedicamos a los quehaceres personales. Había que lustrar los zapatos. Mientras el grupo estaba dedicado a esta tarea, un alumno sacó su acordeón y amenizó la tarea con música. Nosotros, los profesores, nos dedicamos a controlar los armarios y logramos eliminar las imperfecciones más aparentes.- Además controlamos la higiene personal (las uñas, las manos etc ). A partir del mediodìa encendimos la caldera para poder ducharnos todos antes de la cena. Después de un último ensayo de las canciones preparadas, todos enfilaron hacia las camas. Yo me senté con mi acordeón en la entrada al dormitorio y entoné algunas canciones vespertinas alemanas. Me retiré sigilosamente. Todo el mundo dormía. El dìa de visitas fué un éxito rotundo. Durante la mañana llegaron aproximadamente 15 autos. Los visitantes ojearon expectantes las instalaciones y abrazaron a sus hijos. Comenzaron a interrogar a sus hijos sobre la vida en el hogar y luego se dedicaron a inspeccionar las instalaciones.

Alrededor de las 11:00 hrs reuní a los padres, los saludé, les anuncié el programa de tres horas y comenzaron las exhibiciones. En varias ocasiones el pûblico acompañaba las canciones. Luego siguieron las exhibiciones gimnásticas que terminaron con una serie de carreras y postas. A partir de las 13:00 hrs almorzamos. Los varones en el comedor, los padres en la galería. La cocina estuvo de gala. Todo el personal estuvo activo, logrando satisfacer a más de sesenta visitantes con cerdo al horno y diferentes ensaladas. Terminado el almuerzo, llevé a los padres a visitar las 18 ha de cultivos. Todavía no había caminos y las zanjas del drenaje no estaban todas en buen estado. Al insinuar que quería convertir el maizal, que no era rentable, en un bosque, me llovieron toda clase de propuestas y recomendaciones sobre tipos de árboles y planes de forestación. Al despedir a los automovilistas, las madres, que se habían dedicado más intensivamente a sus hijos, también dieron a conocer su satisfacción por la idea de la Escuela Hogar. Los días de visita para los padres fueron desde entonces tradición. Eran la mejor propaganda para la idea de una Escuela Hogar, En la segunda semana de la estadía hubo cuatro momentos relevantes. A cuatro km de la Escuela se encuentra el casco de la estancia “La Verde” en cuyos vastos campos se erigió el pueblo de Verónica. Le dedicamos una visita. El mayordomo, de origen alemán, el Sr. Schnitker guió al grupo pasando por la casona de los propietarios a los establos, a la manga, a la zanja de baño de desinfección para los casos de sarna y explicó su funcionamiento. Una vaca es arriada hacia la manga, esta se cierra delante de la vaca y se le traba el retroceso y en ese momento puede ser inyectada o se le puede aplicar medicamentos por vía oral. Enormes silos estaban llenos de maíz para el posible engorde de la hacienda. El tupido monte de 50 años de antigüedad les proporcionó a los alumnos por primera vez la impresión de un verdadero bosque.

Dado que el rendimiento de los varones al caminar fué muy satisfactorio, nos animamos a programar una caminata a la costa del “Rìo de la Plata”! Hay que tener en cuenta, de que se trata de 10 km. Ida y vuelta 20 km! Los varones estaban entusiasmados y no se dejaron amedrentar. Cargados con la vianda para todo el día partimos. Llegamos a la costa en tres horas. Acampamos a la sombra de montes de tala, árbol que crece solamente en esta zona. El Tala es el único árbol autóctono de la pampa. Todos los demás, por ejemplo el tan difundido eucalipto australiano, son importados. Nos bañamos, hicimos juegos y almorzamos. La mayoría aguanto la caminata de retorno. Algunos pocos, con heridas en los piés, fueron rescatados por el Sr.Grötschel, nuestro “ángel guardián” que vino a nuestro encuentro con su carreta. Fué todo un éxito. Queda por mencionar otra hazaña de este grupo del colegio “Federico el Grande” de Vicente López bajo la dirección del pf. Hans Kerst: Trabajando duramente cavaron 40 pozos en el rincón N del predio, en la dura arcilla de la pampa para poder plantar la primera arboleda. Dos peones del Hogar completaron la tarea y se logró plantar alrededor de 200 eucaliptus de diferentes tipos. Había nacido el “Monte Federico el Grande” (Federicus Hain). Durante cuatro años se siguió forestando los antiguos campos para pastizaje con varias especies de árboles, formando un parque densamente arbolado.

El sábado de la segunda semana los alumnos del colegio “Federico el Grande” volvieron en tren a Bs.As. Tengo un recuerdo muy grato de ellos. A los tres dìas llegó un grupo de niñas y a ellas les siguió un grupo de “señoritas” de la secundaria del Colegio Goethe con una pfa y de ese modo durante los años 1938/1939 le siguieron un grupo de alumnos al otro. Cientos de alumnos llegaron a conocer el campo argentino, su vegetaciòn y sus habitantes A través de la intensa labor en conjunto con los colegas tuve la suerte de hacerme de muchos amigos y conocidos.

La inspección del colegio y sus gratas consecuencias Cierta mañana, los alumnos porteños habìan salido a dar una caminata, Anita Schreiber y yo estábamos dando clase, ella en castellano y yo en alemán. En ese momento vì entrar por la alameda el viejo coche que servìa de taxi en el pueblo de Verónica. Bajaron de él el director del colegio estatal de Verónica, el Sr. Cerboni, al cual yo le había hecho una visita de cortesía, una señora muy resuelta de mediana edad y su acompañante. De inmediato me dì cuenta que se trataba de una inspección oficial. Hacía poco había consultado al agregado cultural de la embajada, sobre cómo debía actuar en uno de estos casos.. ” Ud se retira, para estos casos la persona relevante es la directora argentina, la Sta Schreiber.” Sin embargo a mì me quedó claro, que la inspectora no quería ver a la maestra normal argentina sinó al nuevo “Profesor de Alemán”! Los tres visitantes ingresaron al aula de la Sta. Schreiber. Yo finalicé mi clase y despaché a los alumnos al recreo. Me acerqué con disimulo a la galería de la casa de los colonos donde estaba sentada a una mesa la inspectora con el libro de inspección. Al lado parada muy nerviosa y pálida la “Directora Schreiber! Saludé humildemente recibiendo apenas una furtiva mirada. Ostensiblemente algo andaba mal. Mis conocimientos del castellano me permitieron entender casi todo, pero el expresarme me era difícil. Decidí quedarme cerca, aunque el mundo se viniera abajo. La mirada de la Sra. Inspectora se dirigiò a los “posters” colgados en la galerìa. Eran vistas de ciudades alemanas. “Todo de Alemania!” criticó enérgicamente.

Reunimos a los 30 alumnos en un aula. La inspectora se sentó al pupitre. De las paredes colgaban las fotos reglamentarias de los principales próceres tales como Belgrano, San Martín y Sarmiento. La maestra que acompañaba a la inspectora comenzó a interrogar a los alumnos sobre la vida y obra de estos próceres. El resultado fué perfecto. Luego la situación se tornó crítica: irónicamente la maestra preguntó si también conocían a los patriotas alemanes. Los alumnos titubearon. Les costaba cambiar de una idiosincrasia a la otra! Se presentó una situación muy embarazosa. A mediados de 1938 la situación política mundial era muy complicada. La propaganda mundial contra Hitler estaba en pleno auge en cines, radios y diarios. En los colegios germano-argentinos hacía rato que no se hablaba de Hitler. Por otro lado cada familia alemana escuchaba a la noche la emisora alemana para estar al tanto de la situación mundial. La maestra agresiva insistió con su interrogatorio sobre “patriotas alemanes”. Por fìn un pibe rubio de la familia Bischof me miró interrogante y dijo titubeando:”Hitler!”. Se produjo un silencio sepulcral. Todos me miraron con caras interrogantes y a mì se me escapó: ” Ese nombre lo conocen de la radio, no del colegio!”. Mi intercalación fué aceptada con silencio. Siguió preguntando la inspectora: “¿Y conocen el Himno Nacional?” Tengo que intercalar: El Himno Argentino es una obra musical clásica con preludio instrumental (fanfarria y banda), tiempos muy diferentes, en dos tonalidades, e incluso dos partes cantadas muy diferentes entre si. En mi pequeño acordeón yo lo podìa tocar únicamente en una tonalidad y asì lo habìamos ensayado. La Sta Schreiber me imploró con la mirada y los alumnos pusieron cara expectativa. Yo preveía una catástrofe! Tocar el himno tan venerado en un instrumento tan diminuto y popular podía ser tomado a mal! Pero no me quedaba otra. Tenìa que afrontar la situación! Saqué el instrumento de su estuche y me concentré en lo mío. Los alumnos se pusieron de pié automáticamente! Ejecuté el marcial preludio y entonces entraron a cantar con vigor los alumnos con sus claras voces de niños.: ” Oid mortales el grito sagrado: Libertad, libertad, libertad!” Los niños entonaron la canción patria a la perfección. Yo tampoco le chingué!. Bajé aliviado el acordeón y esperé la reacción de la distinguida Dama!

Oh milagro! La Señora se me acercó eufórica. Un poco más y me abraza: “Lo felicito de todo corazón!” “Veo que respetan nuestras costumbres y tradiciones!” Había cambiado completamente de actitud. Era la simpatía personificada! El resto de la inspección transcurrió en perfecta armonía. Le presentamos a la Señora algunas exhibiciones gimnásticas, que fueron aplaudidas eufóricamente y la comitiva se despidió. Dos meses más tarde nos llegó la autorización oficial como ” Escuela particular de Verónica.” A fìn de cada año nuestros alumnos eran examinados por maestras de escuelas estatales. Siempre todos nuestros alumnos fueron promovidos de clase. En 1941 nos llegò una misiva del “Consejo Provincial de Educación”. El colegio había crecido. Tenìamos 100 alumnos y cuatro maestras. Nos propusieron darle al colegio un nombre alemán pero que fuera de algún prócer que tuviera méritos para con la Rep. Argentina. Elegimos el nombre de Friedrich Froebel, creador mundialmente conocido de los jardines de infantes. Conocida como “Escuela Friedrich Froebel” trabajamos con éxito hasta la confiscación de todos los colegios alemanes en 1945.

Texto e imágenes del libro de Lothar Herold